Abu Sufian, el “terrorista” inocente

Abu Sufian, el “terrorista” inocente

Han pasado ya dos semanas, y nadie ha dicho nada. Ni un solo medio de comunicación se ha hecho eco de la noticia. A pesar de que todos los medios nacionales, y buena parte de los internacionales, cubrieron generosamente su detención.  He esperado quince días, revisando  a diario los periódicos españoles…

Han pasado ya dos semanas, y nadie ha dicho nada. Ni un solo medio de comunicación se ha hecho eco de la noticia. A pesar de que todos los medios nacionales, y buena parte de los internacionales, cubrieron generosamente su detención.  He esperado quince días, revisando  a diario los periódicos españoles…

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Nada. Ni un solo comentario. Y eso que incluso la noticia del juicio, el pasado abril, fue cubierto  con redactor, fotógrafo y operador de video, por la agencia EFE, y recogido en varios medios españoles.  Pero ahora que  la Audiencia Nacional ha emitido la sentencia, nadie se ha hecho eco. Quizás porque, según la sentencia firmada por el Jueces Don Angel Luis Hurtado,  Julio de diego y Jose Ricardo de Prada, Hiyag Mohalab Maan,  alias Abu Sufian (verhttp://www.antoniosalas.org/libro/el-palestino/galeria-personaje/hiyag-mohalab-maan), era inocente…

Como explico con detalle en El Palestino (Capítulo 2), en Diciembre de 2005 el CNI y la policía española  ejecutaron en Lleida, Málaga, Sevilla y Palma de Mallorca, una ambiciosa operación antiterrorista. Más de una docena de presuntos yihadistas fueron detenidos en la llamada “Operación La Unión”, bautizada así en referencia a la Mezquita de la Unión, de Málaga, donde supuestamente se había fundado la presunta célula de Al Zarqaui en España.  En los anexos de El Palestino, en esta misma web, publiqué el comunicado oficial del Ministerio del Interior español sobre esa operación: http://www.antoniosalas.org/sites/default/files/Operacion_La_Union.pdf

Según los servicios de inteligencia españoles el líder de esta supuesta célula era mi hermano Hiyab Mohalab Maan, alias Abu Sufian.

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Toda la prensa, radio y TV se hicieron eco del operativo. Solo había pasado un año y medio desde el terrible 11M y la desconfianza hacia los musulmanes estaba lógicamente a flor de piel.  Por eso, de alguna manera, cometimos los mismos errores que se sucedieron en EEUU tras el 11S y en Londres tras el 7J, es decir, partir de la presunción de culpabilidad: todos los musulmanes son sospechosos de terrorismo mientras no se demuestre lo contrario.

Abu Sufian me contó, con todo detalle, como la policía española asaltó su casa, como fue violentamente arrestado, como fue introducido en un coche que lo trasladó de Málaga a Madrid,  mientras un agente del MOSSAD israelí, y una agente del MI6 británico, lo interrogaban,  de forma más que irregular, intentando sacarle la información que pudiese tener como Al Zarqaui, en ese momento líder de la resistencia iraquí.  Un tio de Abu Sufian pertenecía a la célula del famoso “cortador de cabezas” jordano, y cada vez que mi hermano hablaba con su tío, los micrófonos del CNI interceptaban sus comunicaciones.

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Cuando Abu Sufian y sus compañeros llegaron  a la Comisaría Central en Madrid, les esperaba un fotógrafo del ABC. Y en la edición del martes 27 de diciembre de 2005, que puede consultarse en la hemeroteca digital del diario (http://hemeroteca.abc.es) aparecían publicadas sus caras y sus nombres reales. Nadie presumió su inocencia.  Al contrario. Para sus vecinos, amigos y familiares, automáticamente se convirtieron en “los terroristas de La Unión”.   Y un año después del 11M, ser considerado un terrorista, tenía consecuencias…

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El Imam de La Unión me contó como los coches de muchos de ellos, aparecieron destrozados, las fachadas de sus viviendas llenas de pintadas insultantes, sus hijos fueron estigmatizados en los colegios, sus esposas señaladas por las vecinas en el barrio, ellos despedidos de sus trabajos… El daño ya estaba hecho.

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Abu Sufian, el único que consiguió taparse parcialmente la cara en las fotos publicadas por el ABC, y luego por otros periódicos, me contó como su casa, que quedó con las puertas abiertas, fue destrozada, y todos sus objetos personales, ropa, etc, desaparecieron. En normal. Abu Sufian tardó dos años en regresar.

De la Comisaria , considerado oficialmente como el hombre de Al Zarqaui en España, Abu Sufian pasaría a prisión preventiva. Primero en Soto del Real (Madrid),  la misma nochebuena de 2005. Según consta en el registro de Instituciones Penitenciarias, el 2 de febrero de 2006 Abu Sufian fue trasladado a Herrera de la Mancha (Ciudad Real), donde había transcurrido la mayor parte —y la más dura, según me contó— de su prisión preventiva. Hasta el 14 de mayo de 2007, en que es trasladado a la prisión de Valdemoro, de la que sale en libertad en espera de juicio el 10 de octubre de 2007.

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Desde ese día Abu Sufian malvivía en Madrid, esperando su juicio y clamando por su inocencia. Pero como todo sospechoso de terrorismo carecía de pasaporte (que le fue retirado por las autoridades españolas en su detención), y tenía que presentarse en la Audiencia Nacional todas las semanas. Sin papeles, sin tarjeta sanitaria, sin documentación, Abu Sufian intentaba subsistir con los pocos euros que le enviaban sus padres desde Londres. Apenas lo justo para pagarse una pensión y comer, no todos los días, un bocadillo.

De hecho cuando yo me reunía con Abu Sufian, convencido de que realmente era un peligroso terrorista,  no podía evitar apiadarme de su situación, y pagarle un bocadillo. Mi cámara oculta ha registrado en más de una ocasión, la voracidad con que daba cuenta de los bocatas de tortilla, en cualquier bar de Madrid. Y así dos años y medio más… Hasta el pasado 15 de abril, en que literalmente acompañé a Abu Sufian hasta el banquillo de los acusados, en la Audiencia Nacional de Madrid (Ver mi relato detallado y desapasionado del juicio en: http://www.antoniosalas.org/terrorismo/articulo/el-juicio-de-abu-sufian-una-cronica-de-los-hechos).

Ahora la pesadilla concluye. Los jueces han emitido sentencia: “Que debemos absolver y absolvemos a: HIYAG MOHALAB MAAN (A) ABU SUFIAN, y a CAFIK JALAN BEN AMARA EL MEDJERI, del delito de colaboración con organización terrorista por el que venían siendo acusados por el Ministerio Fical, con declaración de oficio de las costas procesales correspondientes. Acordamos el alzamiento de cuantas medidas cautelares existan contra HIYAG MOHALAB MAAN  (a) ABU SUFIAN, en el presente procedimiento. Al condenado le será abonado el tiempo que haya estado privado provisionalmente de libertad por esta causa…”, concluye el documento en su página 12.   ¿Y como se abonan 5 años de tu vida, y el estigma social de haber sido señalado como un terrorista?

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Lo más triste es que el infierno que soportó Abu Sufian, y los demás detenidos en la Operación La Unión  (Andrey Misura ni siquiera sobrevivió), lo han soportado miles de musulmanes en todo el mundo, después del 11S. Miles de hombres y mujeres, presuntamente culpables, y condenados socialmente antes de que ningún tribual examinase su historia. Y siempre la misma rutina: los medios de comunicación aireamos su identidad, sus fotos, sus nombres, cuando son acusados, y callamos cuando son absueltos de las acusaciones. Creo que todos, sobretodo los periodistas, debemos aprender algo de esta sentencia…

Hoy es viernes, y en la mezquita a la que he asistido al Salat, el Imam dedicó el sermón al perdón y la compasión. Recordó una cita del Coran que dice: “Así pues, [aunque hayáis sido víctimas de la difamación,] que aquellos de vosotros que hayan sido agraciados con el favor [de Dios] y una vida acomodada no se muestren reacios a ayudar a [los infractores de entre] sus parientes, a los necesitados, y a aquellos que han abandonado el ámbito del mal por la causa de Dios, sino que perdonen y sean tolerantes. ¿No deseáis que Dios perdone vuestros pecados? (Sura La luz 24: 22)

Abu Sufian no es un buen musulmán… El sabe a que me refiero. Pero ojalá se sienta agraciado por el favor de Dios y pueda perdonar, como dice el Corán, a quienes lo difamaron, le privaron de su libertad, y de su presunción de inocencia. Y ojalá todos los que, como Abu Sufian, fueron juzgados y condenados por la opinión pública, antes de que un tribunal los absolviese de toda culpa, también puedan perdonar nuestras ofensas.

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Nosotros somos los que debemos aprender, con su sufrimiento, a no castigar a toda la Umma, por los pecados de un puñado de miserables.